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Hace unos días, Somos Campo visitó la chacra de Gaspar Barberis, uno de los tanto productores agropecuarios de Chañar Ladeado que conserva en su memoria muy ricas historias. Momentos duros de trabajo sacrificado, satisfacciones y toda una vida en el campo.

En el marco de lo que fue el “Día del Agricultor”, le pedimos a nuestro entrevistado que nos hable de sus vivencias junto a esta profesión. Con momentos muy dificultosos en sus años de juventud a raíz de la escases de herramientas, sequías y fenómenos que estropearon las instalaciones.

“A pesar de todo se podía aguantar, no existían la rueda de gastos que tenemos ahora. La década del 70´fue brava al principio pero después fue mejorando, florecieron las industrias y se empezaron a comprar las herramientas esenciales como arado, rastras, rabastos”, explicó.

Uno de los trabajos específicos que desarrolló fue el laboreo de la tierra, no solo en su campo propio sino que ofreciendo el servicio a otros colonos. Según expresó era muy “arduo” porque el tiempo apremiaba y la única solución era sumar horas arriba del tractor.

“Menos horas de sueño y más horas de trabajo porque venían lluvias que anegaban todo y la situación se ponía brava. Siempre le encontramos la vuelta porque podíamos pensar con tranquilidad, ahora eso es más difícil”, analizó.

La organización familiar fue creciendo con el paso del tiempo, se fueron sumando los hijos y en base a eso fueron sumando acciones. Siempre realizaron agricultura y ganadería y la huerta para consumo propio.

“Me gusta todo lo que se hace, siempre pusimos el alma en cada trabajo aunque la hacienda es lo que más disfruto. Ordeñábamos vacas y vendíamos la leche junto a mi señora, luego la repartíamos en el pueblo y podíamos sustentar la familia”, señaló.

Finalmente, dejó un mensaje para toda la posteridad: “Hay que trabajar siempre porque ese es el mandato. Mientras uno lo hace con el corazón las cosas salen bien. Han pasado muchas nubes negras, pero alguna siempre deja agua”.


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El sábado pasado, Somos Campo en la radio tuvo el placer de tener una comunicación en vivo con Marcos López Arriazu, Periodista Agropecuario, quien desde la “Expo Rural 2018” en Palermo, nos habló sobre las novedades de la muestra y recordó el conflicto de 2008 entre el Gobierno Kirchnerista y el Campo. 

Nuestro prestigioso colega, se tomó un ratito de su tiempo para recordar aquella noche del voto “No positivo” de Julio Cobo: “Esa noche me tocó estar cubriéndolo en el congreso, sabíamos que venía para largo pero no tanto, nos sorprendió. Fue histórico por lo que estaba sucediendo, Cobos tenía la decisión tomada, cuando empezó a ver q estaba todo empatado, entró en la desesperación para no quedar en esa posición, tratando de que se resuelva antes”. 

Sobre esto, Marcos añadió que 10 años después, las políticas del sector “cambiaron muchísimo”, ya que las retenciones tuvieron el límite porque no se volvieron a tocar, pero “comenzó un control sobe las actividades comerciales del agro” mucho más fuertes, sin dudas, medidas que afectaron como el “cepo al dólar y el tipo de cambio”, que perjudicaron mucho. 

“El cambio más importante es que esos productores que estaban en la ruta, hoy son los que están tomando decisiones en el gobierno, como los casos de Buryaile, Etchevehere, sumados a los secretarios de las carteras, que brindaban aporte técnico a la mesa de enlace, creo que esa política propiamente dicha, hoy tiene espacio en el gobierno”, expresó el Periodista. 

Por su parte, recordó que hace un tiempo, Funcionarios ruralistas le contaban anécdotas que les ocurrían en los “piquetes”, donde paraban para saludar y sufrían “interpelaciones y cuestionamientos muy duros”, por parte de productores que estaban en las rutas, en su mayoría autoconvocados. 

“Alguien dijo muy acertado, Si no hubiera estado la mesa de enlace esto hubiera sido un desmadre. Yo creo que la mesa de enlace sirvió de contención para canalizar una bronca que podría haber terminado en hechos trágicos, que por suerte no existieron”, señaló. 

Finalmente, analizó que “La grieta” comenzó luego de este hecho, puesto que antes, el gobierno dejaba que Grupo Clarín se consolide y con la “Resolución 125” cambia el eje y el medio lo empieza a criticar. Kirchner lo toma como agresión y surge el tema de la ley de medios, 678 y se gesta “el relato”, mucho más fuerte de lo que era en ese momento. 

En Vivo desde Expo rural 2018 

Algo que destaca a López Arriazu como profesional y como persona, además de su capacidad es la humildad. En esta conversación, Nos brindó un rato de su tiempo para ser una especie de “cronista” de Somos Campo, al brindar un pantallazo general de “Expo Rural 2018”. 

“Es una muestra similar a la del año pasado, en un momento que sabemos que es difícil para las empresas, siguieron apostando. Si bien hay algunas menos, otras tienen stands más grandes y lo que respecta a los animales, hay a la cantidad similar del año pasado”, señaló. 

Así mismo, remarcó que Los empresarios de maquinarias “dudan de cómo vender” con el financiamiento que hay, ya que se financian de manera propia, haciéndose cargo de las tazas, por debajo de las del mercado. Sin dudas una apuesta, como hacer una rebaja, financiando la máquina. 

“Hay temas de créditos en dólares a tasa cero. Es muy interesante para el productor agrícola, para un tambero o ganadero, que su producto funciona en el mercado interno, se hace mucho más complicado”, destacó. 

Finalmente, remarcó que la ganadería “En todas las razas” está muy fuerte y que no se explica cuál es el límite para la mejora de la genética, porque están muy bien trabajados. Sumado a esto, expresó que “no es una coyuntura fácil para el ganadero”, pero siguen apostando muy fuerte. 


Nota Completa:

El agotamiento general y los diferentes problemas económicos que comenzaba a abordar el Gobierno Argentino después del 50´, llevaron al Presidente Perón a cambiar algunas ideas apuntadas a la mejora de la situación, entre lo más relevante; La atracción del capital extranjero.

En 1952 el Gobierno Peronista llevó adelante el 2do Plan Quinquenal con el objetivo de “Poner en Orden” las bases productivas de la economía. La urgencia era ahora avanzar a un estadio de superior de la industrialización.

La principal complicación de este sistema fue el problema que venía acarreando el peronismo. La inversión pública disminuyó entre 1948 y 1955 en un 35% y los argentinos sufrieron las consecuencias en materia energética, ya que no alcanzaba a satisfacerse la creciente demanda debido a la expansión industrial.

En marzo de 1954 se producía la renegociación de salarios, algunos gremios organizaban huelgas para dar más entidad a sus reclamos. El Presidente Perón tenía en claro que para mantener una economía dinámica debía incentivar la producción y la inversión; Había que ingeniárselas para producir más.

La inversión de origen interno, era insuficiente para aumentar sensiblemente la productividad y para reducir el peso de ciertas importaciones en la balanza de pagos. El Gobierno nacional decidió recurrir a la inversión extranjera.

Para superar los problemas en la balanza de pagos, no había otro remedio que invertir en algunos sectores industriales y en el área petrolera, lo mismo que en equipos que incrementaran la productividad agrícola, con lo que se conseguiría un aumento de saldos exportables.

La fabricación local de tractores por parte de empresas extranjeras fue un primer avance. El Poder Ejecutivo aprobó la instalación de cuatro fábricas (Fiat, Deuz, Fahr y Hanomag), con el compromiso de que las mismas producirían 13.200 unidades al año.

El Gobierno Nacional había tomado una actitud hacia el capital extranjero, siendo entre todas la más innovadora la política petrolera. Luego vendrían conflictos y más signos de debilidad y los diferentes sucesos, como el “Bombardeo a Plaza de Mayo” y demás estallidos, llevarían a Perón a renunciar y el país volvería a cambiar de mando.





Hoy se cumplen 35 años de la Guerra de Malvinas y desde Somos Campo queremos recordar y rendirle homenaje a todos aquellos que defendieron el territorio nacional con el alma. Héctor Sergio Urbieta, uno de los héroes que luchó en el archipiélago, nos brinda su tiempo para contarnos su historia.

El soldado Urbieta cumplía con el servicio militar a su corta edad de 18 años, la mañana del 2 de abril le tocó estar de guardia; de repente comenzó a oír bombas, caravanas y festejos; Argentina había recuperado las Islas Malvinas del Atlántico Sur.

“Yo también fui uno de los argentinos que se alegró del suceso; victoreaba sobre lo que estaba pasando, sin imaginarme que en unos días iba a estar en una guerra, ese fue mi comienzo antes de ir para las islas”, relata Héctor.

Después de haber tomado el archipiélago, nos cuenta que su batallón se alistó con todo el material bélico para cubrir la frontera con Chile, específicamente en Río Turbio, entre los días 14 y 15 de abril. Cargaron todo el material pesado en el tren y viajaron hacia Paraná.

“De la ciudad entrerriana subimos a un avión que nos llevó a Comodoro Rivadavia, ahí nos alojamos en un batallón, esperando al tren que tenía todo el material pesado, tanques, camiones, municiones y cañones, cuando llegó todo eso empezamos a viajar hacia el sur”, comenta detenidamente.

Con respecto al viaje hacia la proximidad del conflicto, el por entonces soldado explica que todo el avance que realizaban se hacía de noche. Al amanecer, tiraban todo a la banquina y lo “camuflaban”, para que los satélites no detectaran el movimiento.

Los días continuaban y restaban sólo horas para llegar a Malvinas: “Una noche estando en puerto San Julián, recibimos la noticia de volvernos a Puerto Deseado, allí cargamos en un buque todo el material bélico y nos dirigimos a Comodoro. El domingo 25 de abril, en el aeropuerto nos suben al avión y nos llevan a Malvinas, nuestra compañía de 190 hombres se dividió en sectores diferentes de las islas”.

Una vez en suelo malvinense, Héctor nos dice que su grupo no deberían haber entrado en combate ya que la misión que le designaron era apoyo logístico, pero tuvieron que hacerlo, así fueron transcurriendo los días y conviviendo con la realidad.

“Despertamos y nos dimos cuenta de lo que realmente estábamos cuando cayó la primera bomba el 1 de mayo. La onda expansiva nos sacó de la carpa, los ingleses empezaron a atacar; allí empezamos a ver nuestros primeros muertos y heridos”, relata nuestro ex combatiente.

A lo largo del conflicto tuvieron una gran cantidad de dificultades, entre las más importante es la falta de comida. Comenzaron a sufrir hambre, sumado a que él y muchos camaradas provenían de Corrientes, una tierra donde nunca hubo temperaturas demasiado bajas y pasaron de golpe a estar permanentemente mojados, con 10º bajo cero y más.

Acercándonos al final de la gesta, Héctor narra: “Cuando caemos prisioneros el trato te puedo asegurar que fue el mejor, los ingleses son unos señores, manejan códigos, nosotros fuimos bien tratados y la mayoría de los veteranos te van a decir lo mismo, quizás el maltrato fue de nuestros superiores. Luego el veterano de guerra se ha sentido ignorados por la sociedad, por el olvido”.

Añadiendo a las palabras mencionadas, Urbieta expresa que sintieron que fueron metidos al continente por la puerta de atrás, escondidos y hasta el día de hoy, a 35 años de la gesta, no han tenido un recibimiento especial , donde se convoquen a todos los veteranos en punto del país para realizar un gran desfile.

“Yo el 2 de abril tengo un acto y es porque desde la comuna pensaron en que debe realizarse, en otro lugar donde no se mueve una institución municipal, los veteranos organizan su vigilia y su acto. Me siento dolido porque no hay de parte de la nación algo grande para reunir a todos, cada uno lo concreta en su lugar donde hace su pequeño homenaje”, nos explica con un tono de amargura.

Sumado a esto, este verdadero valiente comenta que son más de 600 colegas que se han suicidado porque no aguantaron este olvido, a pesar de que hoy como veterano de guerra se siente siento más mimado y reconocido por la sociedad, pero para que eso suceda transcurrió mucho tiempo.

Finalmente y en un tono de emoción, nuestro héroe expresa sus sentimientos: “Las Islas Malvinas para un veterano es todo; vivo por ellas, vivo orgulloso, soy un bendecido por dios y la patria por haber sido elegido para defenderlas y luchar por ellas, hasta el día que yo me vaya de esta tierra voy a seguir hablando de ellas”.

Y como reflexión final, Héctor Urbieta remarca que la gente debe saber que cada veterano está para transmitirle a la sociedad que fue lo que paso, que pasará 30 años y de ahí en mas no habrá más protagonistas para contar la esa historia personalmente.

Somos Campo le rinde tributo a todos los dieron su vida por la patria, a los que quedaron y a los que volvieron; hoy en especial, a este Héroe Nacional ejemplo, que piensa en las futuras generaciones y se brinda a ellas con todo gusto.


El grado de Sustitución de Importaciones que alcanzó Argentina hacia 1950, se contará entre los mayores del mundo semiindustrializado, exceptuando a los países socialistas. Mientras que en 1929 se importaba el 45% de las manufacturas consumidas o invertidas, veinte años después era tan sólo el 15%.

Si bien la tasa de crecimiento de las distintas ramas industriales fue despareja, ello no fue el resultado de las políticas, que intentaron favorecer al sector en su conjunto. Muchas de las industrias nacientes no alcanzaban una cierta escala mínima a partir de la cual pudieran trabajar con un aceptable grado de eficiencia; el resultado fue una producción manufacturera de alto costo y con pocas posibilidades de exportación.

El proceso de expansión manufacturera también estuvo complicado por un mercado de trabajo distinto del de otros países que encararon la industrialización postguerra. Gran disponibilidad de trabajadores con salarios bajos, hasta entonces dedicados a las actividades rurales de baja productividad.

En nuestro país la cosa era distinta; La agricultura y la ganadería eran esencialmente modernas y por lo tanto tenían productividad y salarios comparativamente buenos. Era inevitable que la expansión de demanda por trabajadores se reflejara pronto en aumentos de sueldos, ya que no había en el campo un numeroso “grupo de reservas” capaz de proveer indefinidamente las necesidades de mano de obra de la industria.

Después de dos años de un superávit comercial provocado por el plan de estabilización y por la gran cosecha 1952/53, en 1955 reapareció el déficit comercial, ya que las importaciones comenzaron a recuperarse del deprimido nivel que tuvieron en 1953/54. El crecimiento del producto volvía a traducirse en aumentos de la demanda por importaciones y consecuentes temores por la balanza de pagos.

La recuperación de la demanda por productos industriales locales se traducía en mayores necesidades de insumos, de los cuales una buena parte era importada. La situación estaba agravada por el comportamiento de las exportaciones.

Parte de esa debilidad exportadora se debía a las políticas internas, pero también influían en las condiciones internacionales, mucho más adversas al comercio. Además de bajos, los valores exportados eran volátiles, determinados por precios mundiales y factores climáticos; La Argentina compartía vicisitudes con otras economías “medianas”.

La escasez de divisas para exportar, hizo que muchos se lamentaran por el uso que se había hecho de reservas acumuladas durante la guerra. Los dos o tres años posteriores a la misma fueron una época de “oportunidades perdidas”, ya que podía haberse encarado con decisión la capitalización del país en cierta industrias, lo que habría permitido la provisión local de bienes de capital e insumos que de otro modo debían importarse.


Los pronósticos para el año 1952 eran desalentadores; La desastrosa cosecha obligó a consumir pan negro de calidad inferior, elaborado con centeno y mijo. Además se restringieron nuevamente las importaciones, con el consabido efecto sobre la producción industrial.

El gobierno peronista desarrolló un “Plan Económico” apuntaba directamente a detener la inflación. El mensaje era moderar el desenfrenado consumo de los primeros años, para descomprimir la situación del comercio exterior; La crisis era palpable para todos.

La retracción fiscal se combinó con una política monetaria mucho más restrictiva que hasta entonces. La tasa de crecimiento de la cantidad de dinero descendió abruptamente, la inflación había pasado a ser una preocupación gubernamental de primer orden.

Se creó una Comisión Nacional de Precios y Salarios. Hubo medidas que apuntaron al aumento de las exportaciones; La faena de animales se restringió como manera de reducir la inestabilidad de la exportación vacuna.

Después de años de ser perjudicados por las políticas del IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio), los productores agropecuarios comenzaron a recibir precios algo más favorables, como así también cambió la actitud hacia el capital extranjero.

La liberal política de crédito para la industria fue moderada en nombre de la estabilidad monetaria; el virtual impuesto a las exportaciones agropecuarias que estaba implícito en las políticas del IAPI, fue reemplazado por una deliberada política de aliento al sector rural.

La política de estímulo a las exportaciones agropecuarias descansó solamente en los subsidios del IAPI y no en una devaluación. De esta manera se lograban “precios remunerativos” para el campo y además el gobierno pasó a tener en cuenta al sector agropecuario en la asignación de créditos.

Uno de los pasos fundamentales del peronismo para revertir la oposición rural fue la firma de sucesivos protocolos con Inglaterra, que establecía condiciones de comercialización para las carnes argentinas, solucionando el conflicto generado años atrás por términos impuestos por el IAPI al poco tiempo de su creación.

Hubo intentos más o menos viables para bajar los costos de producción y aumentar la productividad agropecuaria argentina; Se fomentó la investigación, innovación en modos de producción, mejoras en la sanidad y un importante incremento en la venta de maquinarias.

Sin dudas, los mandatarios se dieron cuenta que para salir de la crisis debían devolverle el lugar importante al sector agropecuario, del que nunca debió haber salido.



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